CARTA A LOS COLOSENSES

TEMA: Nuestro trabajo y El Tribunal de Cristo

PROPÓSITO: Comprender la importancia de que todo cuanto hagamos en nuestro diario vivir debe estar siempre en relación al Señorío de Cristo.

TEXTO: Colosenses 3:23-25

INTRODUCCIÓN: Para nosotros es bien claro que la Salvación no tiene ningún costo de nuestra parte. Que cualquier cosa que intentemos para lograr la salvación lo único que logrará será invalidar el Sacrificio de Cristo.
FRASE DE ENLACE: Pero también es cierto que cada cosa que hagamos, según nuestra intención, tendrá su recompensa. Veamos:

1. HACIENDO TODO PARA EL SEÑOR. 3:23
A. Los capítulos 1 y 2 resaltan las bendiciones en Cristo.
B. Pero los capítulos 3 y 4 las obligaciones, los deberes.
El creyente que vive una vida superficial y desobediente realmente no cree en la toda
suficiencia de Cristo.
Cuando el Cristiano depende de la Cabeza (su Salvador resucitado y glorificado) para su
nutrición, dirección y sabiduría, descubrirá la vida cristiana madura en su plenitud.
C. Nuestro quehacer diario en la casa, trabajo, escuela, y nuestro trabajo en la Iglesia requieren que sean realizados “como para el Señor”

Si, en nuestras situaciones diarias, no le estamos sirviendo a él, entonces gran parte de
nuestra vida diaria está fuera del alcance de su señorío. En ese caso nos convertimos en Cristianos domingueros, no en verdaderos discípulos suyos.

En cambio, si Cristo es realmente el Señor de cada área de nuestra vida, esto se verá en nuestra manera de hacer nuestras labores diarias.

2.RECIBIENDO LA RECOMPENSA DEL SEÑOR. 3:24
A.La salvación no es una recompensa
Nadie se merece la salvación, sino sólo la condenación eterna.
Nadie llega a ser hijo y heredero de Dios por méritos personales, sino sólo por pura gracia
de Dios (Romanos 4:14; Gálatas 3:18).
Nuestras «obras», nuestros trabajos y nuestros esfuerzos nunca pueden ganarnos la vida eterna (Efesios 2:8–9; Tito 3:5).
Sin embargo, una vez concedido el don gratuito de la salvación, las Escrituras enseñan
claramente un principio de recompensa con respecto a la fidelidad con la que cumplimos nuestro servicio para Cristo:
Todos nosotros debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno sea recompensado por sus hechos estando en el cuerpo (2 Corintios 5:10).
B.Las parábolas de Cristo enseñan esta misma verdad (por ejemplo, Mateo 25:14–30).
El galardón de cada creyente en el día final será concedido en razón de su fidelidad y sus obras
Por tanto, no debemos caer en el error de algunos y pensar que no vale la pena esforzarnos en esta vida porque, hagamos lo que hagamos o
dejemos de hacer lo que dejemos de hacer, vamos a recibir todos el mismo galardón (¡Mateo 20:1–16!).
No debemos pensar que nuestro trabajo en el Señor es en vano (1 Corintios 15:58; cf. Gálatas 6:7).
No. En el gran día de la recompensa, algunos creyentes recibirán palabras de alabanza y serán honrados por el Señor, mientras que otros serán salvos, aunque así como por fuego (1 Corintios 3:15).
A los trabajadores diligentes les será concedida ampliamente la entrada al reino eterno, pero los
ociosos entrarán con estrechez (2 Pedro 1:5– 11). Así pues, vale la pena esforzarnos ahora, porque de ello depende
nuestro premio final (Filipenses 3:13–14).
Incluso si no recibimos recompensa alguna (o agradecimiento alguno) mientras estamos en esta
vida, podemos saber que cualquier cosa buena que cada uno haga, esto recibirá del Señor (Efesios 6:8; cf. Mateo 10:42).

C.Sin embargo, para que nadie empiece a jactarse o a desviarse del fundamento de la gracia divina,
Pablo emplea el segundo vocablo y nos recuerda que nuestro galardón, además de ser una recompensa, es una herencia, y una herencia es algo que se suele recibir no por mérito, sino por nacimiento.
La cita de 2.a Corintios 5:10 debe leerse: «Es menester que todos nosotros seamos manifiestos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que hubiera hecho por medio del cuerpo, ora sea bueno o malo.»

3. EL JUSTO JUICIO DEL SEÑOR. 3:25
A.Todo disfraz se quitará, y el fingimiento será imposible en «aquel día», ya que estaremos bajo el ojo escrutador del Maestro de nuestro servicio. El santo temor que engendra este pensamiento es, en sí, un poderoso aliciente
hacia la vida de santidad práctica, como lo es también la promesa de la venida del Señor, pues

B. «todo aquel que tiene esta esperanza en Él [la de ver al Señor y ser semejante a Él] se purifica a sí mismo, así como Él es puro» (1 Jn. 3:3).[1]

C. No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Gálatas 6:7

No olvidemos que Dios no hace acepción de personas.

CONCLUSIÓN: La exhortación para nosotros hoy es a realizar todo nuestro quehacer diario teniendo en mente el señorío de Cristo En nuestras vidas. No vivir así es negar nuestra fe, es negar que Cristo es el Señor, es dejar de vivir una vida plena. Y, desde luego, es no sembrar para
nuestra recompensa en el cielo.

BIBLIOGRAFÍA:
Reina Valera R 60
[1] Trenchard, E. (1972). Bosquejos de docrina fundamental (110–111). Grand Rapids, Michigan: Editorial Portavoz. 10 La frase recompensa de la herencia es un «genitivo de aposición»; es decir, significa la recompensa que consiste en la herencia. Ver Abbott, pág. 295; Lightfoot, pág. 229.

[1] Burt, D. F. (2006). Deberes Domésticos y otros Asuntos: Colosenses 3:18-4:18 (77). barcelona: Publicaciones Andamio.
9
Cf. MacDonald, pág. 981: Las recompensas En el cielo no se darán por la prominencia o el aparente éxito; no se darán por