MISIONES

TEMA: La urgencia de la predicación del evangelio

PROPÓSITO: Exhortar a la Iglesia a asumir nuestra responsabilidad de evangelizar

TEXTO: Hechos 1:8

INTRODUCCIÓN: Todo avivamiento o movimiento misionero a lo largo de la historia de la iglesia se caracterizó—al margen de otras modalidades que lo haya acompañado—por una compulsiva premura por proclamar las buenas nuevas a los perdidos.
La predicación del evangelio es algo que lleva implícita la urgencia. Esta urgencia nos impele a proclamar las buenas nuevas a todas las naciones y está sustentada por varios factores. FRASE

DE ENLACE: Resaltaremos tres de ellos: el primero apunta al hombre y su condición, el segundo a la Humanidad y su destino, y el tercero a Dios y su gloria.

1.LA URGENCIA ANTROPOLÓGICA

a perdición presente
El hombre está perdido a causa de su pecado. Guerras, pobreza, injusticias, pestes, etcétera, son apenas algunas de las manifestaciones de su estado de depravación y perdición, con la cual «inflama la rueda de la creación» (Santiago 3:6).
1. La explosión demográfica mundial. La población mundial aumenta a razón de casi noventa millones por año, y la iglesia del Señor debiera, por lo menos, mantener un ritmo evangelístico acorde a semejante crecimiento demográfico.
2. Los pueblos aún no alcanzados. Se calcula que todavía no han oído el evangelio unos mil trescientos millones de personas, que conforman cerca de ocho mil grupos etnolingüísticos y sociales distintos.
3. El engaño de las religiones. Como es obvio, no todo es cristianismo en el mundo. Los cinco bloques religiosos «paganos» más grandes, algunos de ellos en franca expansión proselitista, son: el budista, el hinduista, el musulmán, el chino jan y los grupos tribales o animistas.
Además, avanzan cultos, sectas y movimientos de diversa índole, unos cuantos de aparición reciente, como la Nueva Era que está ganando cada vez más adeptos.

B.La perdición futura
Pende sobre el hombre una pena de condena a eterna separación de Dios en el infierno. Dios es un Dios santo y justo que no deja impune el pecado.
1. La existencia del infierno. Si bien ningún evangélico conservador negaría la existencia del infierno, este es un tema que ha sido a menudo raleado de muchos púlpitos en las últimas décadas. Pareciera como que los predicadores o no estuvieran tan convencidos de esta tremenda verdad, o que no les gusta que sus oyentes los lleguen a malinterpretar como que quieren amedrentarlos con historias de terror medieval. Durante la Reforma del siglo dieciséis los pecadores se sentían más preocupados por escapar de la ira de un Dios justo, que hallar la clave para una vida feliz.
2. La condenación de los no alcanzados. La evangelización y las misiones deben sustentarse sobre una sana teología. Y una sana teología enseña que el hombre, quienquiera que sea, está por naturaleza perdido y es digno de toda condenación, haya oído el evangelio o no.3
3. El fundamento bíblico. Hay numerosos y reiterados pasajes bíblicos que trazan con meridiana claridad el estado de perdición eterna en que se encuentran los paganos que no han tenido oportunidad de oír las buenas nuevas de salvación:

Romanos 1:18–32: «La ira de Dios se revela […] no tienen excusa […] habiendo conocido a Dios […] por lo cual Dios los entregó […]»
Romanos 3:23; 6:23: «Están destituidos […] la paga es muerte».
Romanos 10:13–15: La cadena de la salvación, donde sin predicación no puede haber fe, y sin fe no puede haber salvación.
Hechos 4:12: «No hay otro nombre», ni Buda, ni Confucio, ni Mahoma; ¡sólo Jesucristo!
Juan 3:3: Sin renacimiento no hay salvación.
Juan 14:6: No hay otro camino.
Hechos 10 y 11:1–14: Hubo elementos sobrenaturales (visión y ángel), pero no hubo salvación hasta que hubo predicación. «Él te hablará palabras por las cuales serás salvo» (10:32; 11:14).
1 Tesalonicenses 2:16: El colmo de la ira por impedir hablar para que se salven.

2.LA URGENCIA ESCATOLÓGICA

La segunda venida de Cristo y el establecimiento de su Reino ¡es nuestra bienaventurada y gloriosa esperanza!

A.La Segunda Venida está condicionada
La Biblia enseña que previo al próximo retorno de nuestro Señor Jesucristo deberán cumplirse estas condiciones:
1. El evangelio debe predicarse a todas las naciones.
Mateo 24:13: «Y entonces vendrá el fin».
Marcos 13:10: «Y es necesario que […] antes …»
2. El número de los escogidos debe completarse.
Romanos 11:25: «Hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles».
Apocalipsis 5:9: De todos los grupos étnicos, entre los cuales hoy todavía existen varios miles que no cuentan ¡ni con un solo creyente!

B.La iglesia tiene «potestad»
Hay ciertas verdades de la Biblia que nos hacen estremecer. Una de ellas es cuando consideramos la enorme responsabilidad que el Señor ha depositado sobre nosotros, los creyentes. La Biblia dice que habremos de juzgar, en la consumación de los tiempos, al mundo y a los ángeles caídos (1 Corintios 6:2–3). La otra verdad tiene que ver con el momento del advenimiento de «Aquel Día». Aunque aparentemente reñida con la doctrina de la absoluta soberanía de Dios y del conocimiento que para nosotros está vedado acerca «del día y de la hora» (Mateo 25:36), los creyentes estamos, no obstante, en condiciones de modificarlo y apresurarlo. Para ello disponemos de dos poderosas armas:
1. La oración. El Padrenuestro nos enseña a orar así: «Venga tu reino» (Mateo 6:10).
2. La predicación. La proclamación del evangelio es un privilegio del cual han quedado excluidos los seres celestiales. En lo que a la predicación se refiere, dice que «anhelan mirar los ángeles» (1 Pedro 1:12).

C.La urgencia teológica
Nuestras concepciones antropológica y escatológica nos urgen a la tarea de la evangelización mundial. Pero no son las únicas bases de argumentación; la tercera es Dios mismo, su naturaleza, justicia, y gloria.

D.Es un mandato de Dios
Se nos ha confiado nada menos que la predicación. Se trata, pues, de una orden que debe ser cumplida en obediencia. No es algo voluntario u optativo:
Mateo 28:18–20: «A todas las naciones».
Marcos 16:15: «A todo el mundo».
Lucas 24:47: «En todas las naciones».
Juan 17:18; 20:21: «Como el Padre […] así yo os envío».
Hechos 1:8: «Hasta lo último de la tierra».
Gregorio Magno (540–604 d.C.) afirmaba que:
Quien rehúsa predicar, pudiéndolo hacer, aunque sea por motivos de humildad, es reo de «fraticidio», igual que el cirujano que rehúsa operar a un herido, dejándole morir. Si las almas que le fueron confiadas se pierden por falta de la palabra salvadora de Dios, el predicador será responsable de esta muerte, y a tantas habrá matado cuantas se pierdan por culpa de su silencio.4

E. A Dios así le agradó
Él quiso salvar a los hombres por la locura de la predicación. Podría haber escogido otro método para hacerlo, pero no lo hizo. No es que la predicación como tal salva (¡sólo Cristo salva!), pero la predicación es el agente que comunica las verdades salvíficas por las cuales el hombre, oscurecido en su mente, logra tener la iluminación necesaria para arrepentirse y poner su fe en el único que puede salvar: nuestro Señor Jesucristo.
1 Corintios 1:21: «Agradó a Dios salvar […] por la locura de la predicación».

3.ESTÁ EN «JUEGO» LA GLORIA A DIOS

A.Él no comparte su gloria con nadie. Todo anuncia su gloria (Isaías 6:3). Ni el estado del hombre caído, ni la pasión que sintamos en llevarle el remedio de la salvación, ni el sentimiento de un deber que nos compele, nada… debiera incentivarnos tanto para predicar con urgencia ¡como la gloria de Dios mismo!

B.Si tomamos en cuenta el estado de perdición del hombre, se desprende que Dios quiere que sus criaturas le den la gloria que se merece. Para eso fuimos creados (Isaías 43:7; Efesios 1:6). Hasta que el hombre no sea regenerado por el Espíritu Santo en la conversión, no puede dar gloria a Dios cabalmente. Por lo tanto, los paganos en distantes tierras, como los neopaganos que nos rodean en el mundo seudocristiano de Occidente, todos están bajo la ira de Dios (Romanos 1:18; Proverbios 3:33) y deshonran al supremo Creador hasta tanto obtengan perdón reconciliándose con Él mediante el evangelio redentor de Jesucristo.

C. Cuanto antes lleguen a conocerle (obviamente mediante la instrumentalidad de la iglesia), ¡tanto más pronto podrán dar a Dios la gloria debida a su nombre!

CONCLUSIÓN
La predicación del evangelio es, pues, ¡urgente! De Cristo no todos los hombres saben por igual en todas partes; para algunos Él es:
1. Conocido, como entre los verdaderos creyentes, que por su infinita gracia y misericordia han sido alcanzados y regenerados.
2. Malconocido, tal la situación de la mayoría de cristianos nominales de América latina, del mundo anglosajón, etcétera.
3. Desconocido, como acontece con millones que pueblan vastas regiones de Medio Oriente, Asia, África, ya sea que se trate de grupos «civilizados» como de los que viven en la «edad de piedra».
A casi dos mil años de haber recibido la Gran Comisión, próximos a iniciar el tercer milenio de predicación del evangelio, debiéramos motivarnos en forma mancomunada, a hacer todo el esfuerzo posible en pro de alcanzar la meta de llegar con el mensaje de Jesucristo—por vez primera—por sobre la redondez de la tierra, a cada tribu, lengua, pueblo y nación.
¡Dios nos ayude a hacer nuestra parte con urgencia![1]


ADAPTADO DE: EL DESPERTAR DE LAS MISIONES.
POR Federico A. Bertuzzi COMIBAM Internacional

3 El tema del destino eterno de los no alcanzados es tratado con mayor amplitud en la medulosa obra ¿Están perdidos?, de Oswald Sanders, Editorial Portavoz, Estados Unidos, 1992, 96 pp. ¡Recomendamos calurosamente la lectura de este esclarecedor libro!
4 Citado por Domenico Grasso en Teología de la predicación, Ediciones Sígueme, Salamanca, España, 1968, pp. 126 [San Gregorio Magno, Regla Pastoral, 3.25: PL 77, 96, y Homil. in Ez., II, n. 9: PL 76, 909–910].
[1] Bertuzzi, F. (1997). El despertar de las misiones (55–66). Sante Fe, Republica Argentina: COMIBAM Internacional.